EL AVE FÉNIX DE BISSAU

Cuenta la leyenda que el ave Fénix surgió de sus propias llamas. La perseverancia, la fidelidad a sus principios, la responsabilidad en sus acciones… hizo que del resurgir saliera un nuevo pájaro de bello plumaje y canto incomparable. Así imagino la siguiente historia que a continuación quisiera compartir con todos vosotr@s.

El dia 11 de Julio AFRICAHUGS llegaba a Guinea Bissau con la intención de seguir rescatando historias de superación, historias de africanos y africanas perfectamente capaces de llevar a cabo ideas geniales, emprendedoras y de desarrollo local. De esta manera, conocí a Lamini Bojang, un gambiano afincado en Bissau desde hacía algunos años. Nacido en 1977, casado y con 2 hijos, desde muy pequeño se inició en el el negocio de la carpintería. Sería en el año 1996, cuando empezó junto a su padre en Brikama, Gambia. Debido a la falta de madera y la deficiencia en el sistema de mercado, decidió, en el año 2010, dar un vistazo a como funcionaba el negocio de la madera en Guinea Bissau. Después de dos viajes desde Gambia para explorar el mercado, finalmente quiso arriesgarse y probar suerte, junto con otro compañero, Abudu.

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A fecha de hoy su negocio va estupendamente. Tiene la única máquina en Bissau, comprada y traída desde Turquía, especializada en la tala de troncos, de maderas dura como el Mahogany o el Keno. A parte de eso, Lamini Bojang da trabajo a 18 personas de las cuáles 8 son fijas. Entre sus clientes cuenta con gente de países como Guinea Conakry, Senegal, Gambia, Sierra Leona…

De sonrisa afable y mirada cálida, este gambiano de 38 años ha sido capaz de construir una empresa mediana que, pese a diferentes problemas y situaciones de estabilidad politico-financiera, funciona notablemente. Prueba de ello es la compra de algunos artículos de lujo como el último Samsung Galaxy o un coche mercedes. Me explica el mismo Lamini Bojang que sinceramente no es que le guste « malgastar » en lujos pero que, como no existes gran estabilidad en el país, dichas compras le reportan crédito rápido y seguro.

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A finales de junio, Lamini va a tener en su carpintería otra máquina que ha adquirido también en Turquía. En este caso, si será una máquina propia para la realización de muebles. Solo con la máquina, Lamini va a contratar a 7 personas más y con contrato fijo.

El ave Fénix cobra aquí sentido por el hecho de que no todo fue fácil para Lamini. Con respecto a países occidentales, fácilmente podemos encontrar, empezando por el apoyo en la financiación, ayudas de gobierno, o diferentes facilidades en la puesta en marcha de la empresa. esgraciadamente, aquí no existe ninguna ayuda ni facilidad para con los emprendedores.

Sería en el año 2012, exactamente el 6 de enero a las 4 am cuando Bubacar Sisse, socio y amigo de Lamini, recibe una llamada de la Policía Nacional, informándoles que su carpintería estaba completamente en llamas.

Casi sin reaccionar, Bubacar, habitante de Bissau y compañero nuestro, llama por teléfono a Lamini, quien con gran asombro y visiblemente afectado todavía al contarlo, se desplazan al lugar de los hechos. Nada o casi nada se pudo hacer. Ese día Lamini había perdido una gran cantidad de dinero.

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La investigación del caso no llegó muy lejos. Pese a saber quien era, presuntamente el sospechoso del caso, nada se pudo hacer. La corrupción a todos los niveles, La pasividad de las administraciones, la ineficacia en la corresponsabilidad de los organismos oficiales como la Unión Europea, el FMI, el Banco Mundial, entre otros aspectos estructurales, hacen que casos similares queden impunes. Por fortuna, el Ave Fénix de Lamini y su gran equipo, salieron ilesos y con más fuerza que nunca para empezar, desde las cenizas, un nuevo camino con más y mejores ideas.

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8 meses estuvo Lamini de vuelta en Gambia. Pensando, reflexionando, explorando otras oportunidades, hasta que decidió vender un terreno que tenía su padre en Gambía, comprar la máquina que actualmente posee y volver a probar suerte, esta vez si su socio inicial Abudu.

AFRICAHUGS pasó días pasé con Lamini y su equipo, preguntándoles que relación tenían con él « jefe » y como se sentían. Abulai Egassi, empleado fijo y habitante de Bissau, se sentía satisfecho y contento con el trato de Lamini y su empatía con el equipo.

Iniciativas de esta naturaleza, a mi parecer, se encuentran desprotegidas, sin un programa o plan gubernamental para crear desarrollo y dar trabajo a la ciudadanía. Otra vez, pienso que, aunque en algunos casos la caridad sea necesaria y recomendable, en otros casos, la comunidad internacional, las administraciones que dan ayudas oficiales a países como Guinea Bissau, no consideran y si lo hacen, con bastante deficiencia, propuestas y ideas como las de Lamini, quien, con su mentalidad empresarial y capacidad emprendedora, es la prueba evidente que las cosas podrían funcionar de otra manera.

Mientras voy a casa, no dejo de ver coches oficiales de las Naciones Unidas y grandes ONG en colaboración con la Union Europea. Coches que en España u otros países de Occidente cuestan una fortuna, los toyota land-cruiser, con los cristales subidos, supongo que por llevar el aire acondicionado encendido. Y no dejo de preguntarme sobre la eficiencia real de los programas que llevan a cabo, sobre la política de colaboración y cual es el cambio estructural realizado en términos reales por el mundo occidental en estos lares. Mientras suspiro, cada vez estoy más convencido que gente como Lamini o Bubacar serán los protagonistas del cambio real África.

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