Y ENCONTRÉ LA TIERRA PROMETIDA – fábula para niñ@s de menos de 100 años –

¿Y si os dijera que he conocido la tierra prometida ? ¿ Y si os contara que está repleta de frutas, verduras, árboles de mil colores, niñ@s que juegan y cantan, con el deseo de conocerte algún día? ¿ Y si os confesara que está bañada por fértiles, altas montañas, dónde todo crece sin necesidad de productos químicos, herbicidas o pesticidas?

Bienvenid@s a Agou Aklolo, un pequeño pueblo al norte de Lomé, capital de Togo, en pleno corazón del África del Oeste.

Al principio estaba desconcertado, ¿como puede un débil pájaro como yo adentrarse en tal pueblo sin conocer, sin saber que me podía encontrar, y con todo lo malo, oscuro y diabólico que he escuchado de África, y también de Togo?

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Curiosamente, mientras volaba en lo alto de una escuela pública en Lomé, me encontré con Frank, un rinoceronte que, con valentía y decisión, levantó la mirada hacia mi con la intención de que descendiera. De repente, adiviné que quería comunicarme alguna cosa:

  • Buenas tardes “pájaro de otro mundo”, – dijo con sonrisa cálida en su rostro, – me gustaría invitarte a que conocieras mi lugar de origen, el pueblo de mis abuel@s, un paraíso que seguro llena de satisfacción cada uno de tus sentidos.

Por unos segundos miré a Franck con cierto aire dubitativo, y me vinieron a la mente todas las noticias negativas que se mostraban de África en mi mundo. Me sentía inseguro, con miedo a que me pudieran hacer algo, a que me pudieran robar ! incluso matar ! 

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De repente, salió de mi pico un “Si” rotundo, sin mucho pensar cuales podrían ser las consecuencias de tal inocente respuesta.

La decisión estaba tomada. No obstante, quería compartirla con los amigos que había conocido aquí días antes. También pájaros como yo. Pájaros que, aunque de diferente color, compartíamos la misma sangre, los mismos sentimientos, todos con un pico, dos alas y el cuerpo lleno de plumas.

  • ¿ Creéis que deberíamos ir al lugar dónde el rinoceronte Frank nos ha invitado ? dije con cierto arrepentimiento, después de haber contestado con ese “SI” rotundo.
  • No puedes perder esta oportunidad de conocer un lugar diferente, no todos los días los rinocerontes en África invitan a conocer su tierra madre,- expresó el pájaro Abou con convicción.
  • Abou tiene razón, – acompañó con voz sincera el pájaro Papi- es una oportunidad digna de aprovechar, ¡ nosotros te acompañamos !
  • Me habéis convencido compañeros,- asentí con satisfacción al ser arropado con ánimos por mis amigos los pájaros de África. – Es hora de hacer las maletas.

 

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Toda una corte de animales nos esperaban para expresarnos la bienvenida, entre ellos había elefantes, jirafas, la familia de Frank representada por unos bellos simpáticos rinocerontes, además de gallinas, gallos, ovejas…

En medio de tanta algarabía, se acercó con paso elegante y sobretodo amigable, Agbessi Kossi Edem, otro pájaro como nosotros. Curiosamente, era el jefe del pueblo. Quería darnos las gracias por la visita, agradecernos el esfuerzo realizado por llegar a Aglou Aklolo.

Al día siguiente, junto con Agbessi, Frank y otros habitantes del pueblo, fuimos a recorrer sus ricas montañas. Nos enseñaron todos y cada una de las diferentes frutas y verduras. Pero, sobretodo, pusieron el acento en una de ellas, el AGUACATE. Nunca en mi vida había visto tanto aguacate junto, tantos árboles repletos de esta fruta bendecida por la mano de Dios.

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Frank y Agbessi nos describieron todas las propiedades para la salud que tenia, no solo el aguacate, sino también su hueso:

  • Combate el envejecimiento de la piel
  • Controla el colesterol
  • Combate los problemas estomacales
  • Fortifica el sistema inmunitario
  • Da brillo al cabello
  • Disminuye el riesgo de cataratas en los ojos
  • Trata eficazmente las alteraciones de la tiroides…

Nos pidieron si podríamos echarles una mano. Para el desarrollo de su pueblo, para la mejor educación y sanidad de sus habitantes, necesitaban encontrar a otros animales, de otros mundos  y de este, para establecer lazos de colaboración, de desarrollo conjunto, de aprendizaje global, honesto.

A la partida, nos deleitaron con el mejor regalo que nos pudimos imaginar, una cesta llena de aguacate y otras frutas de la zona.

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Mientras volaba de regreso a casa, me preguntaba una y otra vez que hubiera pasado si hubiese seguido mis pensamientos preconcebidos, mis prejuicios creados a partir de dudosa información escrita y visual sobre África.

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Y vosotr@s, estimados niñ@s de menos de 100 años, ¿Qué hubierais hecho en mi lugar? ¿ Quedarse en casa? ¿ creer todos los miedos y frases infundadas sobre África, o acercarse con alma y corazón, con honestidad y respeto, a conocer y enriquecerse de otras realidades, no tan alejadas de cada un@ de vosotr@s?