TRUMP Y EL SECRETO ESCONDIDO DE BOBIKUMA

¿ Cómo entender a alguien diferente si ni siquiera lo conoces ? ¿ Por qué nos atrevemos, a veces con ímpetu y pasión, a divagar sobre geografías nunca pisadas, a partir de artículos, informes, escritos, adulterados, llenos de prioridades más allá de las de informar y mostrar las infinitas caras de una misma moneda ?

Esta es la historia apócrifa de Trump, un extraterrestre que, con la intención de entender las vicisitudes de la raza humana, decidió instalarse, integrarse, vivir durante un tiempo entre los habitantes de diferentes países occidentales.

Sin importar el país occidental dónde se encontraba, Francia, España, EEUU, Inglaterra…las diferentes noticias sobre el continente africano, en la mayoría de los casos, siempre eran mostradas desde un ángulo negativo. Medios importantes como BBC, u organismos llamados a la verdadera revolución y equidad global como Unicef o Cruz Roja, no dejaban de ahondar erróneamente, en una realidad, la africana, infinitamente golpeada por la tergiversación y la confusión mediática occidental.

Trump, nuestro extraterrestre, necesitaba verificar, comprobar por sí mismo, que aquello que los mass media no cesaban de repetir una y otra vez durante años, era verdad. Trump, como cualquier alienígena, se sentía, a veces, abrumado por la cantidad de noticias desesperadas  sobre el continente africano que, sin pudor alguno, recorrían televisiones, radios, internet y prensa en cualquiera de los pueblos occidentales. También se sentía sorprendido de ver como, los mismos ciudadanos confundían la parte por el todo y aplicaban la misma noticia a los 54 países que conformaban esa realidad tan dispar, compleja y diversa llamada África.

Era necesario dejarse entrever por África, visitar alguno de los países del continente africano, para cercionarse de aquello que en occidente se publicaba con tanta asiduidad. Una vez, Trump leyó una frase de Chinua Achebé, llamada el “equilibrio de las historias”. “Esto es lo que personalmente deseo para el próximo siglo, un equilibrio en las historias, dónde, cada gente, cada pueblo contribuya a la definición de ellos mismos, dónde no seamos víctimas de los intereses de otras personas. Esto no quiere decir que nadie deba escribir sobre nadie, creo que si deberían, pero, aquellos sobre los que se ha escrito, también deberían participar en la redacción de dichas historias”.

Con Chinua Achebé en la cabeza, y con la convicción de encontrar solución a su inquietud, Trump desembarcó en Bobikuma, un pueblo en la región central de Accra. Para llegar a Bobikuma desde Accra, tuvo que tomar una furgoneta colectiva en el distrito de Kwashieman hasta el cruce de Mmalam. Una vez allí, tomó otra camioneta con dirección al pueblo de Swedru. Finalmente, desde Swedru, tomó otra furgoneta para llegar a Bobikuma.

A medida que se iba alejando de Accra, la vegetación propia de los países tropicales empezaba a asomarse con íntima discreción. Mientras Trump no dejaba de mirar por la ventana a una y otra parte, los demás viajeros, pertenecientes a étnias diferentes tales como Ewe, Ashanti, Gonja, Ga/Adangbe, Fante…dibujaban agradables sonrisas y mostraban su interés, preguntándole en lengua Twi, “ Eti Sea” (¿Cómo estás?), “ Wodin Di Sei” (¿Cómo te llamas?), “Wo koheni” (¿De dónde vienes?).

Bobikuma se le apareció casi sin darse cuenta. Trump quedó fascinado por la cantidad de rica vegetación, abundantes campos de cacao, infinitas palmeras rebosando cocos por doquier, bananas como puños, plátanos dulces como la miel, papayas casi tan grandes como su cuerpo, piñas, mandioca, y todo un sin fin de otras frutas y verduras.

Cuando Trump preguntó a un grupo de trabajadores si podría conocer más de cerca la plantación de cacao, sin dudarlo un segundo, aceptaron de buena gana. El camino hacia los campos de cacao fue una experiencia inolvidable para Trump. Entre grandes extensiones de cacao, se abrían espacios habitables que servían también para el secado de la semilla del cacao. Cada vez que pasábamos por una de esas “aldeas”, era necesario saludar a sus habitantes. Amablemente, te preguntaban sobre la familia, el propósito de la visita, como iba todo…

Al llegar a Amoanda, la aldea de los compañeros de Trump, nos presentaron a Kweku Duodu, encargado de los agricultores de la zona. Su rostro, manos y facciones eran las propias de un trabajador incansable, dedicado en cuerpo y alma al cultivo del cacao. Él mismo, junto a Kwami, responsable de la contabilidad, nos explicaron con todo interés que, el cacao necesita sobre unos 5 años para que alcance su máxima altura y plenitud. Cuando está recién plantado, debe ser protegido por otras plantas tales como bananas, mandioca…para proporcionarle la suficiente sombra y aislarlo del sol tropical.

Al terminar la visita a las plantaciones del cacao, hicimos un alto en el camino. Allí, Kweku Duodu, nos ofreció vino de palma. Además, nos enseñó como era preparado, desde la extracción de la corteza de la palma, hasta el destilado con la ayuda del fuego.

Trump se quedó fascinado de tanta amabilidad, de tanta atención, de sus valores de trabajo duro.  ¿Por qué desde Occidente no hay más imágenes, más informes, descripciones, cuentos, historias, de estos trabajadores amables? ¿Por qué hay algun@s que se empeñan en difundir hasta la saciedad la cara más oscura de África?

En su recorrido por Bobikuma, nuestro Trump particular, quiso descubrir más ejemplos de calidez, de amabilidad, de simpatía….¿ te apuntas a conocerlos ?

Este es y será nuestro Trump mientras duren las historias rescatadas en Bobikuma. Para “contrarrestar” al real, al de verdad, al que no respeta la diversidad. AFRICAHUGS propone el que se interesa por la diferencia, el que la integra, el que la respeta.

Valga nuestro pequeño homenaje desde AFRICAHUGS a todos los antiTrump. Sí, ahora me refiero al Trump no apócrifo, al que segrega, al obcecado en separar más que unir, al que piensa que, levantando muros, el mundo será un lugar más seguro.