ADIAKÉ, COSTA DE MARFIL. OTRO EJEMPLO MÁS, OTRA LECCIÓN QUE APRENDER: UNA EXPERIENCIA BAOULÉ

Solo con “asomarse” a África, solo con dejarse entrever, solo con permitir que te inunde, que te susurre, que te arrope, te darás cuenta como todos y cada uno de lo prejuicios que antes tenias ( si es que tenias alguno), se van desmoronando.

A medida que íbamos dejando atrás Abidjan, el ruido, la contaminación, la polución exacerbada de coches, motos, camiones y tantos otros vehículos “basurero” venidos de occidente,  desaparecían en el horizonte. Era entonces cuando empezaba a apreciar la verdadera naturaleza de la Côte d’Ivoire. Grandes plantaciones de plátanos, piñas, mandiocas…se dibujaban a una y otra parte de la carretera. Mientras, en el lado izquierdo, el inmenso Océano Atlántico bañaba las costas con energía y fuerza sobrehumana.

Sin apenas darme cuenta, habíamos llegado a Adiaké, un pueblo mediano situado en la ladera este del lago Aby, y ya casi frontera con Ghana. La mayoría de los pueblos vecinos alrededor de la laguna, pertenecen a la etnia Baoulé, un pueblo de una hospitalidad incalculable. Una vez en la casa de la familia que iba a hospedarme durante unos días, les expliqué el motivo de mi visita. Tal motivo no era otro que poder captar, describir, dar a conocer a mis alumn@s, a los que siguen el proyecto y a Occidente en general, la cultura del pueblo Baoulé. Les dije que mi propósito básico era el de construir puentes honestos, establecer lazos entre dos mundos tan geográficamente cerca pero, desgraciadamente, tan psicológicamente alejados. 

La casa era muy humilde y estaba adosada a tantas otras. El mismo patrón de construcción se podía discernir en las casas de en frente. Los dos lados restantes pertenecían a una rudimentaria cocina exterior y a una especie de barraca pequeña donde se servían dos bebidas locales, Bangui y Koutoukou. Los dos licores eran  formados a partir del jugo de palma fermentado. En el caso del Koutoukou, posteriormente a la fermentación era destilado, dando como resultado un licor altamente graduado. Después de algunos “tragos”, los que frecuentaban el bar, se acercaban a conversar con la familia, con Leon, el padre, también conmigo. Todo el complejo de las casas más la barraca, esbozaban como un pequeño lugar secreto, apartado del centro, de una tranquilidad envidiable, donde conversaciones, risas, lloros, y tantas otras emociones a flor de piel se dejaban entrever con simpatía.

Durante los días que siguieron, conocí a auténticos héroes y heroínas. Hombres y mujeres de Adiaké que se levantaban antes del amanecer para llevar adelante su negocio, para ofrecer la mejor de las oportunidades a su familia, con orgullo, con determinación.

Kouamé N’da Yao era el hermano de León. El día siguiente a mi llegada a Adiaké, visitamos su granja. Yao posee una granja con 600 pollos además de un gran campo de mandioca. Junto a la granja de pollos hay una pequeña cabaña que es donde pasa las noches la mayor parte de las veces. Recuerdo que, en mi llegada, Yao sacrificó dos pollos de talla considerable. La razón era muy noble y aludía a la tradición Baoulé de realizar semejante acto cada vez que llegaba un extranjer@. Acompañados de mandioca y hechos a la brasa, los compartimos toda la familia.

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Pero sobretodo, dos personas, dos mujeres que todavía me siguen inspirando, por su energía, por su dedicación total en el trabajo realizado, por su valentía. Me refiero a Akissi la mujer de Yao, y Aka Ahou. Por supuesto que el trabajo sacrificado de Yao era de admirar. No obstante,  desde AFRICAHUGS, prefiero seguir rompiendo lanzas a favor de la independencia de la mujer en África. Como ya dijo la genial cantante de Benin Angélique Kidjo, las mujeres son la columna vertebral de África.Tanto Akissi como Aka, fueron dos ejemplos en mayúsculas.

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Aka Ahou gestionaba un pequeño negocio familiar de Attieké, producto alimentario básico elaborado a partir de la transformación de la mandioca. Conocimos a Aka en plena faena, en pleno proceso de transformación. Me recordaba a mi padre en cierto modo. Cuando, de pequeños, partíamos a recoger aceitunas al campo toda la familia. Porque aquí trabajan todos y todas. Los hijos e hijas colaboran después de la salida de la escuela y también fines de semana. Saben que el attieké es el sustento familiar, que les da de comer, les ayuda a pagar recibos y gastos de la escuela. La capacidad de Aka de organizar, de diligenciar, de liderar todo el proceso me sorprendió. Mujer calmada, serena. Con solo levantar la mirada, podía controlar a no menos de 15 personas. Todas ellas trabajando, des del prensado de la mandioca, pasando por las diferentes formas de tamizado, el secado al sol, hasta el proceso final de exposición con vapor de agua.

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El Attieké es un producto natural, sin aditivos, totalmente biológico. Una vez finalizado, se utiliza para mezclar junto con pescado o pollo asado.

Se dice aquí en Costa de Marfil que, si alguien roba las plantas de mandioca, puede terminar en prisión con penas de hasta 5 años. La razón principal reside en la fertilidad sorprendente del terreno en Costa de Marfil y el la facilidad de crecimiento de la misma. Cualquier persona puede plantar mandioca, sin importar donde. Es una planta que crece fácilmente al lado de las casas, carreteras…

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El día antes de partir de nuevo a Abidjan, quise conocer más a fondo el mercado Baoulé en Adiaké. Personas venidas de todas los pueblos pequeños alrededor de la laguna, se concentran el miércoles desde primera hora de la mañana con intención de mostrar sus mejores productos, alimentos, ropa, plantas medicinales…en toda esa maraña de sabores, olores y sensaciones, nos encontramos con Akissi.

Machete en mano, perfectamente capaz de saber cuántos trozos de carne sobre su mostrador ( y no eran pocos ), sirviendo a babor y a estribor, Akissi era capaz de procesar tres y hasta cuatro tareas simultáneamente.

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Akissi tenía dos puestos de venta en el mercado de Adiaké. El más grande ofrecía principalmente carne de cerdo ya asada y preparada para acompañar diferentes salsas. Las dos chicas que trabajaban para ella lo hacían, sin prisa pero sin pausa. Nunca percibí presión o estrés alguno. Akissi dirigía el negocio con experiencia ya sobrada, dibujando una perfecta conexión de trabajo en equipo con sus colegas.  El otro puesto de venta de carne era más pequeño, aunque no por ello menos importante. Al cargo había un joven cortando piernas de cerdo a diestro y siniestro. Desde la corta distancia me di cuenta rápidamente que se trataba de un equipo con dilatada experiencia en el campo. Akisse les demostraba, con la mirada, con ese atisbo al levantar los ojos, como si ya si de un código secreto se tratase, todos y cada una de las acciones a realizar.

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El resto de la semana se trató de conocer, de hablar, de intercambiar con la familia asuntos de política, de relaciones internacionales, de lo que se publicaba más allá de primeras planas en diarios o medios de comunicación. En fin, aquello que no se entiende si no se contrasta directamente con los que viven a pié de calle.  Por supuesto, también gastronomía o vestimenta tradicional.

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A parte del Adiaké, pudimos degustar con ellos,

– M’bo o Ragou, hecho a partir de pescado ahumado, pasta de pimiento, cebolla, berenjena y ñame ( tubérculo)

– Placali, hecho a base de cangrejo, pescado, carne, gombo (verdura tropical) y pasta de mandioca. Todo acompañado de la “Sauce Grain”, con frutos de palma, pimieta, tomate, cebolla y agua.

. FouFou, hecho a partir de plátano, aceite de palma rojo, apki (verdura tropical), cebolla, berenjena, tomate, pimienta, “maggie”

Miguel de Unamuno dijo una vez que el fascismo se cura leyendo y el racismo viajando. Yo añadiría que depende de qué se lea y de cómo se viaje. Después de haber ya 7 países del oeste de África visitados, la inmensa mayoría de occidentales se “alojan” o “mueven” por los barrios más lujosos con escaso o nulo contacto con el pueblo, con los locales. AFRICAHUGS, como ya he descrito anteriormente en otras ocasiones, está y estará siempre conviviendo con locales, en barrios populares, entendiendo sus problemas, sus incertidumbres, su realidad en primera persona.

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